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sábado, 5 de marzo de 2011

Los butters y los gais


Pegarle a los gais o decir que se les quiere patear a veces resulta en un acto de reivindicación si existe el grupo numerosamente suficiente y/o valiente como para aprovechar la situación.

Creo que toda esta discusión  ha sido aprovechada por el Mhol y algunos de sus activistas para poner en evidencia discursos que encarnan el odio y que sin embargo  hubiesen pasado desapercibidos años atrás.

Es importante la velocidad de la discusión ya que las respuestas de ambos bandos han sido recogidas por los medios porque por alguna razón ahora sí es considerado un tema polémico. Vale pensar en que muchos políticos, por más que sea marketero o no, se han mostrado con un discurso favorable y humanizante hacia la comunidad. Está dentro de lo políticamente correcto para el discurso público de los líderes limeños tener una actitud progresista ante la cuestión gay (recordemos cómo cuadraron a Castañeda cuando intentó "insultar" al congresista de PP Carlos Bruce al llamarlo una loca tal como lo hizo con un ex contrincante, hoy desencarnado).

Tambien personajes públicos se han unido a la discusión para hacerle frente a Butters por su homofobia amparada en su "hijita de tres añitos" (supongo que al que le va a joder los besos es a Butters y no a la niña que va a estar más preocupada en que el huevo que le enviaron al colegio no combinaba con el jugo de papaya). Lo que habría que preguntarle es cuál es el problema central con que la pequeña, a la que llamaremos Rosie, vea a dos tipos que se besan. ¿Tal imagen confundiría acaso a la pequeña asexuada, en cuanto a su conducta sexual en el futuro o en cuanto al significado moral del nuevo término en su vocabulario?. Tener que explicarle que está mal ser homosexual o que no está mal serlo pero sí serlo y besarse frente a una niña de tres años solo terminaria por confundir a la pobre Rosie. Tal vez, para Butters, la homosexualidad es una cosa de aprendizaje y adquisición.

El punto es que es importante que hablen los Butters y que cada vez que lo hagan se les pueda refutar y mantener la discusión en los medios el mayor tiempo que se pueda, así Rosie podrá decidir si la via correcta es patear a las personas gais o si es que un día la patean entender que su papi lo hubiera querido así.

viernes, 6 de agosto de 2010

La Jaula en escena



Mi espectativa era grande frente a la puesta en escena por la magnitud del reto al que se enfrentaba: traducir esta obra a una sociedad considerablemente homofóbica resulta difícil y susceptible de caer en 'aclaraciones' u omisiones.



Las notas de la prensa evidencian la incomprensión general al resaltar en negritas el carácter de ficción de la relación entre los dos actores principales. Lo que resultaría obvio para cualquier espectador medianamente cuerdo, era necesario resaltar. El contenido (para muchos violento) del mensaje obliga a que se recuerde que es una representación.



La puesta de Juan Carlos Fisher tuvo más de jaula que de locas. Me refiero a que presentar hombres travestidos actuando de locas, o locas de verdad son parte de la escencia de la obra pero no toda. Considero que el guión presenta un texto bastante claro que denuncia la intolerancia de la sociedad, de la propia familia (el hijo contra su madre Zazá), los supuestos roles masculinos o femeninos, es la "actuación del género". Es contundente la posición del personaje Zazá cuando en una de las canciones dice basta a las exigencias de su familia y la reivindicación se hace presente. Esta perspectiva se desprende gratuitamente del texto sin embargo, la puesta no enfatiza estos puntos que resultan centrales para una sociedad como la Limeña. No tuvo, puediendo hacerlo, un alto nivel de reivindicación por lo que se cumplió por momentos lo que se quería evitar: muchos homosexuales para divertir. Sabemos que nuestro público no es el de la Cote d'Azur y la sutil y fina crítica de la Jaula de las locas puede ser percibida pero muy probablemente ignorada.


El texto reclama a gritos esto de, citanto a Fisher citando al autor, irse con algo más que un programa de mano. A mi parecer este algo más son los riesgos a tomar en la dirección, un beso entre los personajes (recordemos que todo el texto es un planteamiento de orgullo gay) resultaba totalmente pertinente. La cuestión es que hay besos que no venden. Los besos de dos vedettes en algún teatro local pueden ser más inofensivos , pero los besos de dos hombres son escandalosos, groseros, prescindibles. La jaula no era esa que pusieron en medio del escenario.